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México frente al BRICS: entre el riesgo de alineación y la urgencia de diversificación

México frente al BRICS: entre el riesgo de alineación y la urgencia de diversificación

Desde que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica tejieron la alianza BRICS, el mensaje ha sido claro: los países emergentes también quieren moldear las reglas del comercio y las finanzas globales. La adhesión reciente de Irán, Arabia Saudita y Egipto refuerza esa ambición y apunta a un bloque cada vez más influyente fuera de los circuitos dominados por Occidente.

 

En la cumbre de Río de Janeiro de julio de 2025, los BRICS dieron un paso adicional: impulsar sistemas de pago que no dependan del dólar y fortalecer su propio Banco de Desarrollo. La reacción de Washington fue inmediata. El presidente Donald Trump advirtió que respaldar al BRICS implica enfrentar un arancel del 10%, sanción que podría aplicarse aun a países que solo colaboren en proyectos o foros técnicos.

México asistió a la cumbre como observador. Ese gesto, mínimo sobre el papel, adquiere peso cuando se cruza con la amenaza estadounidense: en la lógica de la Casa Blanca, basta acercarse al BRICS para quedar bajo sospecha. El dilema es evidente. Nuestra economía está intrincada con la de Estados Unidos, pero el mapa comercial ya no gira en un solo eje. Ignorar lo que ocurre en el Sur Global sería quedarse quieto mientras se redibuja el tablero.

 

Diversificar no equivale a romper con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Significa abrir canales -comerciales, financieros, regulatorios- que expandan opciones y reduzcan vulnerabilidades. Hay margen para hacerlo con discreción: acuerdos aduaneros específicos, diálogo sobre normas sanitarias o ambientales, incluso participación acotada en esquemas de financiación del BRICS. Pero el margen existe sólo si se encara con un plan, no con cautela paralizante.

 

El costo de no moverse también es real. Mientras las cadenas de suministro se reordenan y los flujos de capital prueban destinos alternativos, la pasividad deja a México fuera de la conversación. El BRICS no sustituirá al mercado norteamericano ni mañana ni pasado, pero ya pesa en las decisiones de inversión y en la definición de estándares. Mirar hacia otro lado sería renunciar a voz propia.

 

Llegó el momento de decidir en qué parte del tablero queremos jugar. Hacerlo con mesura es sensato; hacerlo por temor, insuficiente. Porque en el comercio internacional, las oportunidades no esperan a quien duda demasiado.

Te invito a leer mi columna anterior: La importancia comercial de Los Ángeles para México: Un vínculo estratégico y sus implicaciones actuales